¿Feminista yo?
lunes, 2 de enero de 2012
¿Feminista yo?
Hay cosas que claman al cielo. Otras que claman un poquito más que éstas anteriores. Y otras como las que voy a relatar a continuación.
Resulta que me disponía yo a pasar una agradable velada con una amiga mía, de toda la vida. Me parece oportuno señalar por lo que sigue, que ella hizo estudios universitarios, es culta, y siempre está criticando o contando qué-tal-el-último-libro.
Como hacía tiempo que no nos veíamos, tocaba contarnos biografías mutuas. Así que le conté que fundamos el Colectivo FeM, y bueno, que claro, que sí, que somos feministas. A lo que siguió un gesto de escepticismo, unos metros de silencio, y un “¿Feministas?”. Con lo que entramos en una dialéctica algo tensa en la que obtuve una victoria algo pactada y medio dejada estar.
Tras ello, llegué a mi casa y me puse a pensar. Una mujer, adulta, joven, e inteligente, cree (o creía) a pies juntillas que:
- Feminismo es lo opuesto a machismo. Con todo lo que esto conlleva.
- Hay igualdad efectiva y real a día de hoy entre hombres y mujeres. Hilarante.
- Que haya porcentajes prominentes de mujeres estudiando ciertas carreras o que se inclinen a ciertas profesiones (que se identifican claramente con roles de género) se debe simple y llanamente a “gustos”
- Las mujeres llevan estos gustos de manera innata, y hay diferencias neurológicas claras que inclinan a las niñas y a los niños a elegir diferentes modos de divertirse y modos de vida.
Si esto lo piensa una persona con las carácteristicas antes citadas. ¿Qué podría pensar el resto de la población? Tampoco hay que pensar que por leer o haber estudiado menos automáticamente una persona puede pensar lo mismo o de manera más “radical”, pero tampoco hay que menospreciar la idea de que hay un sector bastante amplio de la población igual o menos formada, o incluso más, que piensa esto. Y no es la primera vez que me topo con este hecho, y por supuesto que vosotras tampoco.
En fin, quería señalar la importancia de esto, y de que como mi amiga, hay miles de mujeres (y hombres) que aún tienen estas ideas sobre la mujer y el feminismo. Esto es peligroso, porque supone no ya la no identificación con la ideología feminista, sino un “tácito” alejamiento de las propias mujeres por las ideas que defendemos y la lucha por la igualdad y las injusticias que a diario se cometen o que se maquillan por “es que es la costumbre” o “eso ya solo lo hacen las personas mayores”.
Imagino comentarios similares en las anteriores oleadas de feminismo, y que ahora serían impensables. Ojalá ocurra lo mismo en un futuro. Supongo que es cuestión de tiempo y lucha cambiar la conciencia de la gente, porque en mi opinión es el principal pilar para el cambio.
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